Bilinguismo y desarrollo linguístico.

El bilingüismo equilibrado se asocia con ventajas cognitivas y lingüísticas en áreas tales como la capacidad de atención y la conciencia lingüística. Bilingüismo equilibrado significa que el niño domina la lengua materna (L1) y la segunda lengua, en general, la lengua de escolarización (L2) al mismo nivel y de forma adecuada a su edad. Esto, a su vez, significa que la estimulación recibida en ambas lenguas ha sido equilibrado durante su desarrollo, tanto de manera cuantitativa (exposición a la lengua, duración de su enseñanza) como cualitativa (prestigio social de ambas lenguas, nivel de complejidad, función y uso).

El desarrollo bilingüe puede producirse de dos maneras: simultánea o consecutivamente.

El desarrollo bilingüe simultáneo supone que el niño o la niña comienzan a adquirir la lengua materna (L1) y la segunda lengua (L2) a la vez durante su primer año de vida. Esta situación es característica de familias cuyos padres hablan con fluidez lenguas maternas diferentes (en las que cada progenitor suele comunicarse con los hijos en una lengua distinta).

Sin embargo, es mucho más frecuente la situación de bilingüismo consecutivo, en la que el niño adquiere primero la lengua materna (L1) hasta que alcanza cierto nivel de dominio en ella antes de empezar a aprender la segunda lengua (L2). La L1 es la lengua que predomina en el hogar, la lengua que los padres hablan mejor, mientras que la L2 es la lengua predominante en la escuela y es a menudo un idioma que los padres no hablan muy bien. Este es el caso típico de la mayoría de las familias bilingües inmigrantes.

A pesar de que los datos experimentales han demostrado las ventajas del bilingüismo, varios estudios señalan que el bilingüismo consecutivo ejerce un efecto negativo sobre el desarrollo de la segunda lengua (L2), más concretamente, sobre el rendimiento escolar en dicha lengua, a menudo agravado por el entorno familiar.

No se puede hablar, por lo tanto, para la mayoría de los hablantes bilingües, de transferencia positiva entre la L1 y la L2. Al contrario, parece establecerse una relación de competencia entre la L1 y la L2 con respecto al tiempo dedicado a su aprendizaje (formal e informal) y a los recursos cognitivos del niño en el proceso de adquisición (Bialystok, 2005; Pearson y Fernández, 1994). Este efecto se ve reforzado por las diferencias lingüísticas entre la L1 y la L2, así como por un uso desigual de la L1 en el hogar (donde puede no ser utilizada para leer y escribir, por ejemplo) y la L2 en la escuela. Estudios realizados con niños inmigrantes turcos y marroquíes de corta edad en los Países Bajos muestran retrasos significativos en el desarrollo del vocabulario tanto en la L1 como en la L2 (Agencia Ejecutiva en el ámbito Educativo, Audiovisual y Cultural (EACEA).

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